Despacho del Director

Saturnino Silva: un maestro surgido de las luchas sociales

El maestro Saturnino Silva Jorge  asumió, el 19 de octubre, la Dirección Ejecutiva del Instituto Nacional de Formación y Capacitación del Magisterio (Inafocam), tras ser designado para esa posición el pasado 13 de octubre por el presidente de la República Lic. Luis Abinader Corona. Este nombramiento presidencial se realizó  mediante el decreto 546-20.

Pero ¿quién es Saturnino Silva Jorge y porque fue designado al frente de la institución responsable de coordinar la formación y capacitación de los docentes del sistema educativo público dominicano?

Respondiendo algunas preguntas, el recién designado director ejecutivo del Inafocam, nos explica cuáles fueron sus primeros pasos en el sistema educativo dominicano, su trayectoria  profesional docente, sus luchas sociales y los proyectos educativos que contribuyó a crear en su provincia natal.

¿Cómo inicia Saturnino Silva en la educación?

Para responder esa pregunta debo empezar hablando sobre mi origen. Mi madre era una mujer de apenas un sexto grado de primaria, hizo su escolaridad alrededor de los años 1940. Para la época, el dictador Rafael Leónidas Trujillo le solicitó que fuera maestra de escuela, función que ella nunca ejerció, pero yo la vi como mi maestra principal. Aunque mi padre era un hombre que tenía conocimientos en lectoescritura, fue ella quien a temprana edad me motivó para que yo asistiera a la escuela.

Aun así, nunca pensé que iba a llegar a ser maestro. Pero en el año 1967 tuve mi primer ensayo, cuando alfabeticé con cartilla en mano, eso fue en el primer periodo de Balaguer, que se abrió un programa de alfabetización y yo lo hice con apenas 11 años de edad.

Seguí mis estudios primarios y, después, ya un poco tarde, me hice bachiller en el año 1982. Inicié mis estudios superiores estudiando contabilidad. Yo fui de los primeros matriculados por la Universidad Central del Este (UCE) en San Cristóbal cuando esta institución llevó su extensión a esa provincia. Ahí llegué a quinto semestre de contabilidad pero, por razones económicas, tuve que parar la universidad y seguí mi vida normal, sin estudios.

En el año 1994, yo analizaba mi edad y la posibilidad de obtener empleo, pensé entonces que mi mejor trayectoria de cara al futuro era entrar a la educación. Para la época estaban nombrando bachilleres en servicio, por lo que acudí al distrito educativo 02 de San Cristóbal, que era el más cercano que tenía, y solicite para trabajar como bachiller en servicio, estoy hablando del mes de septiembre. En esa época era directora de ese distrito la profesora Dinora Cabrera quien me pidió que llevara mi currículo junto a una carta manuscrita.

Luego de entregarle la carta manuscrita y el currículo, me entrevista y me dice, usted va a ser maestro, no le prometo que va ser ahora. En ese momento Educación tenía dos ciclos, la jornada normal y la jornada irregular que era en la zona cafetalera, me dijo que sería maestro en esta última. Eso fue terminando el 1994.

En el mes de octubre de ese mismo año, ella me envió a buscar y me dijo que me integrara a unos programas que se estaban realizando en ese entonces para la transformación curricular y me envió a una zona rural de San Cristóbal que le dicen Jamey, donde me integre. Se me evaluó entonces y en el mes de enero del 1995 acceso a la educación trabajando en esa localidad que era una zona cafetalera.

¿Cómo se fortalece su vocación docente?

En Jamey  inició mi vida en la educación de manera definitiva. Yo me sentí bien, porque en sí tenía una trayectoria que me vinculaba a la lucha social, fui dirigente campesino, y yo veía la necesidad de muchos de ellos que estando organizados lograban desenvolverse muy bien, pero no tenían los conocimientos formales de la lectoescritura y eso me dio entender que la República Dominicana necesitaba de gente que trabajaran por la mejoría social, y mayor conocimiento de esa gente, en definitiva que se educaran.

Cuando entré a Educación en 1995, ahí se estaban implementando unos programas de formación de bachilleres en servicio, que estaban siendo coordinados y dirigidos por el Banco Interamericano de Desarrollo BID y ofrecían becas. Yo me inscribí en uno de esos programas e hice un profesorado técnico de educación, en el Instituto Politécnico Loyola.

En esa institución, con sede en San Cristóbal, fue que adquirí la formación docente, incluso en el grupo donde estaba, era uno de los tres mejores estudiantes de educación.

¿Háblenos de sus estudios superiores?

Termine en el 1997, inmediatamente ingresé a la universidad y me hice licenciado y así ha seguido mi rumbo. Hemos emprendido grandes proyectos en educación.  Nosotros fuimos estudiantes de la universidad UCEDP. Allí además de estudiante fui maestro, porque en ocasiones me tocó impartir algunas asignaturas cuando faltaban maestros. Sobre todo en la parte de la didáctica y la práctica docente en la escuela de educación de esa universidad.

Después ingresé a estudiar en el ISFODOSU, donde hice una especialidad. Luego he seguido formándome con diplomados, siendo el último, uno que tenía que ver con el Liderazgo de la Gerencia Educativa con Barna, que me aportó bastante a mi formación porque me conectó con la realidad del mundo que estamos viviendo hoy, de cómo se debe conducir una gerencia educativa.

¿Cómo la política influyó en su vocación docente?

Siempre he tenido una vida política. En mi vida puedo decir que inicié mi trayectoria política a partir de los 10 años. De hecho, en toda mi vida he combinado la educación con la política. Tengo que mencionar esta relación, porque la razón por la que yo ingreso a la educación, es que estuvo motivada por el conocimiento de la política, viendo las carencias sociales y comprendiendo que la educación formal contribuiría a que estas deficiencias sean superadas.

En principio me desarrollé en clubes sociales y en ellos teníamos programas de formación, donde ayudamos a los jóvenes de pocos conocimientos, los alfabetizamos y los motivamos a elevar sus condiciones sociales de  vida. Esto pasó mientras también era dirigente campesino.

Fueron muchos los campesinos que motivamos para que lograran asistir a la escuela, tuvieran los conocimientos en lectoescritura y pudieran mejorar su vida, porque en la misma medida que van conociendo la realidad de la naturaleza y la sociedad, van cambiando y  mejorando económicamente porque hace que la gente se inserte en las tomas de decisiones sociales y en su progreso personal.

Por eso la educación, en todas partes del mundo, es el inicio de la transformación social de los pueblos, y eso me llevó a mí a tener una profunda inclinación por el campo educativo.

Leyendo algunos pensadores pedagógicos y científicos me llevó también a seguir profundizando en la realidad que un país necesita para transformarse y desarrollarse, tanto en los campos social y político, como en el educativo y en el económico.

Aprendí de un gran maestro de la pedagogía soviética, Antón Semiónovich Makárenko, que la educación de los pueblos es determinante, que deben formarse de manera pedagógica, desde su simiente, con lo que usted hace. De ahí nace la necesidad de que nosotros llegáramos a incursionar en proyectos educativos de forma tal que en lugares donde la escuela no existía en mi provincia, nosotros motivamos a la gente para que tuvieran escuela, mandaran a sus hijos a estudiar y eso ha dado muchos resultados.

Cuéntenos de los proyectos educativos creados en San Cristóbal

Por ejemplo, en el año 1996, nosotros ya con un año de la carrera docente, fuimos promotores de que en un sector de San Cristóbal, llamado Los Molinas, iniciaran nuevos proyectos educativos. En esa escuela, de nombre Juan Pablo Duarte, fui maestro voluntario, luego que salía de trabajar. Como voluntario, creamos la escuela y motivamos a la población para que la fortaleciera y protegiera porque era un logro de la comunidad.

Después de eso, extrapolamos esta experiencia a la zona rural y pudimos lograr que en la provincia de San Cristóbal en más de cinco zonas tuvieran sus escuelas, mediante la motivación nuestra.

En el 2001 continuamos nuestro trabajo, ya para el nivel medio de la educación, creamos el liceo nocturno Sabana Toro y ahí nos mantuvimos hasta el 2014. Cuando el liceo se oficializó yo fui designado como director del centro educativo. Fui también subdirector del liceo Felipe Pozo Linares, que está en Hato Damas.

En el 2013 hicimos un estudio sobre la desaparición de la escuela de educación media nocturna, en el sentido de que la política de educación, en ese entonces, se había desarrollado más para los jóvenes, y no se motivaba para que las personas adultas fueran al modelo Prepara. Eso trajo como consecuencia que, en las escuelas nocturnas, su matrícula descendiera.

El análisis de esa realidad nos llevó a elaborar un proyecto de centro educativo nocturno, que fue cuando se creó el Liceo Sabana Toro. Esta propuesta la proyectamos a seis años y se la presentamos al Ministerio de Educación que lo aprobó y ordenó la construcción de una planta física en el sector Moscú de San Cristóbal, muy poblado pero marginal, pero ahí se construyó el liceo Altagracia Lucas de García.

En principio fue un liceo de jornada escolar extendida con 24 aulas, nosotros lo proyectamos a 700 estudiantes en seis años, hoy ese liceo tiene 745 estudiantes inscritos y de ahí vengo. Ese centro educativo lo dirigí hasta los últimos días cuando me designaron como director ejecutivo de Inafocam.

En tres años este liceo pasó de nocturno a liceo de jornada extendida, después pasó a ser un liceo por preferencia educativa y finalmente llegó a la categoría de liceo técnico.

Ese ha sido hasta el día de hoy todo mi recorrido en el campo educativo antes de llegar a Inafocam.